La Chatarra Tecnológica, una Problemática Invisible
- Brümel Revista Digital
- 9 ago 2020
- 3 min de lectura
El manejo de los residuos electrónicos es un tema de atención relativamente nuevo en el mundo.
La era de la información, la comunicación y el alto grado de desarrollo tecnológico, ha traído consigo un problema para el que no estábamos preparados: la contaminación derivada de los desechos electrónicos y las enfermedades resultantes del contacto directo o indirecto con sus componentes tóxicos.
Aunque existen algunas propuestas reguladoras de los procesos de “fin de ciclo de vida” de estos artículos, la realidad, es que siguen siendo insuficientes. En primer lugar, por la creciente demanda y la alta accesibilidad para adquirir tecnología por el abaratamiento de los precios; y en segundo lugar, por la apertura de un mercado comercial derivado del reciclaje de algunas piezas de aparatos electrónicos que incitan el manejo ilegal e insalubre de esta clase de basura. Aunado a ello, existe muy poca información respecto a la importancia del desecho responsable y hacen falta más políticas públicas eficaces.
Algunos países Europeos, pocos latinoamericanos y el caso concreto de Estados Unidos, han “hecho frente” a esta situación con la creación de programas de participación público-privada en los que se denomina a la empresa productora y distribuidora como la responsable del diseño ecológico, la recolección, el tratamiento, el reacondicionamiento y el reciclaje de los equipamientos electrónicos. Bajo este principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), acuñado en la Unión Europea (UNESCO/PLATAFORMA RELAC SUR/IDRC, 2010), se ha intentado concientizar a la sociedad en general a través de incentivos de colaboración. Sin embargo y a pesar de los esfuerzos, gran parte de los desechos recolectados en estos países primermundistas son expulsados e insertados en otras regiones en donde las leyes permiten el manejo informal de los mismos.
África, es uno de los principales receptores de supuestas donaciones de equipos de cómputo, televisores, refrigeradores y otros artículos electrónicos rescatados de los basureros de grandes ciudades de Estados Unidos y Europa. Estas contribuciones disfrazadas con el objetivo de mejorar el desarrollo social de países desprotegidos, en realidad están programadas para eliminar el problema del espacio territorial de los países potenciales.
En ocasiones, impulsada por algunas de las empresas tecnológicas, pero en su mayoría, articulada por un movimiento irregular de mercaderes, esta práctica, se ha convertido en un arma letal que ha destruido importantes zonas naturales y ha generado un círculo vicioso en el que las fuentes de ingreso de estos países en pobreza, dependen del desmantelamiento de artículos tecnológicos, en condiciones impropias, para comercializar los residuos útiles a bajo precio. El resultado es el aumento de enfermedades derivadas del contacto con componentes tóxicos como plomo, arsénico, cobalto y mercurio, durante el despiece y el proceso de combustión de los mismos.
La condición humana y el bienestar social de muchos países tercermundistas, como África, está siendo vulnerada con el exceso de basura producida y la inexistente alternativa de eliminación de la misma. No obstante, las autoridades de los distintos niveles involucrados no han accionado ninguna medida correctiva, y mientras tanto, la deficiencia de las políticas públicas ya existentes continúa permitiendo que el problema avance de manera desmedida.
Es necesaria la concientización del uso moderado de tecnología y la obligatoriedad de las empresas para recolectarla y el reciclarla. También, es requerida una mayor regulación de los basureros y la transportación de los residuos. Y finalmente, la intervención de un ente internacional para la legislación de los procesos laborales en el manejo de los desechos tecnológicos.
Así que, ahora que, de ahora en adelante, antes de desechar los artículos electrónicos en desuso deberemos de reflexionar de qué manera regresarán a nosotros.
Autora: Marcela Chagoya Casillas.



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